
La verdad tiene un precio, muchos no están dispuestos a pagar ese precio, y optan por seguir los caminos de la mentira, de las medias verdades, o como quiera llamarse aquello que no es cristalino y transparente. La mayor parte de las veces, la verdad envuelve dolor, tal vez sea ese el precio más alto que cobra... Y como el ser humano detesta el dolor, es lógico que escoja otro camino. Cuyo fin es la muerte... Muerte de una amistad, de un amor, de una confianza, de lazos que se rompen …..
Solo por una mentira... o una verdad a medias. Es extraño que la senda del dolor conduzca a la vida... Pero desde la entrada del pecado, la solución para el problema de la muerte estaba en el dolor... En relación a este pensamiento, quisiera compartir con ustedes mis propias conclusiones.
No voy a hacer alusión a nadie en especial sino tan solo diré esto:
“MI BOCA HABLARA VERDAD, Y LA IMPIEDAD ABOMINAN MIS LABIOS” (Prov.8: 7)
Ninguna mentira tiene justificación. ¿Cuántos tristes episodios se podrían evitar con “la verdad?”. Pero una verdad dicha con amor; si bien puede producir dolor al receptor, ese dolor es un dolor que construye y eleva el espíritu, hacia una confianza más limpia, bella y clara, que terminará siendo una corriente de agua clara que curará rápidamente, cualquier herida o dolor que esa verdad pudiera haber causado.
Las mentiras blancas, las verdades a medias causan destrucción al final del trayecto, no producirá jamás nada bello y ningún sentimiento puro dentro del alma se puede alimentar de una mentira. Así como de una misma fuente o manantial no puede salir agua dulce y amarga a la vez, porque será una u otra, nunca las dos. Así no podemos dar dulzuras o amarguras, no podemos dar verdades a medias, como no podemos dar lo que no tenemos por dentro.
Por eso es mejor decir la verdad con amor, pero “La verdad”
Esta conservará un amor, una amistad, una relación más estrecha y elevadora, que una mentira sola para evitar, entre comillas, un dolor
Que imaginamos mayor...
PREFIERO UNA VERDAD DICHA A TIEMPO QUE ACLARADA A DESTIEMPO.
¿Y ustedes?
Solo por una mentira... o una verdad a medias. Es extraño que la senda del dolor conduzca a la vida... Pero desde la entrada del pecado, la solución para el problema de la muerte estaba en el dolor... En relación a este pensamiento, quisiera compartir con ustedes mis propias conclusiones.
No voy a hacer alusión a nadie en especial sino tan solo diré esto:
“MI BOCA HABLARA VERDAD, Y LA IMPIEDAD ABOMINAN MIS LABIOS” (Prov.8: 7)
Ninguna mentira tiene justificación. ¿Cuántos tristes episodios se podrían evitar con “la verdad?”. Pero una verdad dicha con amor; si bien puede producir dolor al receptor, ese dolor es un dolor que construye y eleva el espíritu, hacia una confianza más limpia, bella y clara, que terminará siendo una corriente de agua clara que curará rápidamente, cualquier herida o dolor que esa verdad pudiera haber causado.
Las mentiras blancas, las verdades a medias causan destrucción al final del trayecto, no producirá jamás nada bello y ningún sentimiento puro dentro del alma se puede alimentar de una mentira. Así como de una misma fuente o manantial no puede salir agua dulce y amarga a la vez, porque será una u otra, nunca las dos. Así no podemos dar dulzuras o amarguras, no podemos dar verdades a medias, como no podemos dar lo que no tenemos por dentro.
Por eso es mejor decir la verdad con amor, pero “La verdad”
Esta conservará un amor, una amistad, una relación más estrecha y elevadora, que una mentira sola para evitar, entre comillas, un dolor
Que imaginamos mayor...
PREFIERO UNA VERDAD DICHA A TIEMPO QUE ACLARADA A DESTIEMPO.
¿Y ustedes?
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