lunes, 19 de noviembre de 2007

Duele la Noche


Esta la noche tan tranquila,
Tan vulgar, indiferente,
¡Tanta arrogancia que duele!
Me duelen sus luces encendidas,
Sus rincones oscuros,
Sus gritos y sus risas.

Me inquietan sus silencios,
Sus llegadas y partidas,
Sus intrigas y sus alegrías,
Y esa mirada de luna llena,
¡Que besa y que besa!
Al sol por debajo de la tierra.
Cual enamorado roza a su amada
Por debajo de la mesa.

Y el viento silva su agonía por detrás de las colinas,
Y me duele la noche encaramada en las tapias.
Duele la ausencia y la distancia,
Y ese misterio amalgamado sin tiempo,
Como el sabor, inútil si no lo captaran los sentidos,
Como el verbo sin acción,
Como el beso ahorcado en la garganta.

Duele la noche que se aleja,
Que te esconde…
Y ése sincrónico jadeo de la pena,
Que se desboca punzante entre las venas,
Venas de la noche en las estrellas…
Con un sabor que parece hambre,
Hambre y sed de Dios…
Y de tus besos…
De tus ganas…
Y las mías.

Duele la noche…
La noche que se aleja...

Me duele la noche en su arrogancia,
En su indiferencia, en su altanero andar por mi ventana...

Ángel Rodríguez

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